Monday, November 20, 2006

Ubicación

ALEJANDRÍA
El emplazamiento de esta famosa ciudad fue elegido por ALEJANDRO MAGNO cuando vino a Egipto en el 331 a.C. Alejandro necesitaba un puerto seguro para su abundante flota y eligió un pueblo de pescadores al oeste de la desembocadura del Nilo, donde disponía de un buen fondeadero, un clima sano y agua dulce, así como de canteras de caliza cercanas para abastecer de piedras a las futuras obras. Encargó al arquitecto planificar y construir una ciudad que tenia que ser un centro nuevo de comercio y de civilización.
Alejandro murió antes incluso de que comenzaran los trabajos, pero la ciudad tomó su nombre de él y el cuerpo de Alejandro fue sepultado en ella en una tumba grandiosa. A Alejandro le sucedió en el trono PTOLOMEO, uno de sus generales, cuyos descendientes gobernaron Alejandría y Egipto durante los tres siglos siguientes.
Ya en el siglo I d.C., cuando Egipto se había convertido en provincia del Imperio Romano, Alejandría era probablemente tan grande y espléndida como la misma Roma; era sin duda la ciudad mas grande de la zona oriental del Imperio, con un millón de habitantes quizás. Gran parte de su riqueza y de su importancia se debía a su emplazamiento. La ciudad se erguía en un punto de confluencia de grandes rutas comerciales y se hallaba por ello inmejorablemente situada para el comercio a gran escala.Mercaderes y hombres de negocios se veían atraídos hacia ella debido a que les ofrecía puertos seguros para sus barcos, grandes almacenes y una enorme cantidad de trabajadores portuarios para la carga y descarga de sus productos, además de un mercado muy concurrido para comprar y vender.

La diosa Isis, de pie, sujeta una vela hinchadapor el viento delante del faro de Alejandría
A Alejandría llegaban objetos de lujo, como estatuas de bronce de Grecia o vinos de calidad de Italia, materias primas como la madera y el mármol que necesitaban sus artesanos para trabajarlas en sus talleres. Hacia el exterior salía trigo, papiro, objetos de vidrio y muchas otras cosas. La Guía del Mar Rojo, obra escrita por un mercader Alejandrino en el s. I d.C. nos da una cierta idea de la enorme variedad de productos comprados y vendidos en la ciudad: "telas, algodón, pieles, muselina, seda, bronce, cobre, estaño, hierro, oro, plata, hachas, azuelas, vidrio, marfil, conchas de tortuga, cuernos de rinoceronte, vino, aceite de oliva, aceite de sésamo, arroz, mantequilla, miel, trigo, mirra, incienso, canela, perfumes y papiro".
El viajero que venia de Grecia o de Italia llegaba a Alejandría por mar. Lo primero que divisaba al acercarse a la ciudad era el enorme faro que se erguía en una isleta llamada precisamente Pharos y que estaba situada delante del puerto. Este faro era una de las siete maravillas del mundo antiguo. Tenia mas de 122 metros de altura, cobijaba una llama constantemente encendida en lo alto y servía de referencia día y noche a los miles de barcos que arribaban a este puerto cada año.
Alejandría tenia tres puertos. Dos de ellos, el Puerto Grande y el Puerto Occidental estaban a uno y otro lado del espigón de 1.200 m. de longitud que unía la isla de Pharos con el continente. El tercero era un lago extenso que quedaba detrás de la ciudad y que estaba conectado por medio de canales con el río Nilo, y con el Mar Rojo por otro canal mas largo; esta era la ruta que llevaba a la India.
El arquitecto de Alejandro había proyectado la ciudad cuidadosamente, con sus calles en forma cuadriculada, formando ángulos rectos al cruzarse unas con otras como en muchas ciudades americanas modernas. La calle principal, llamada Canopus, tenia una anchura de mas de 30 metros; era mas ancha que cualquier calle de Roma y cuatro veces mas ancha que cualquiera de las calles de Pompeya. Algunas casas tenían varias plantas y muchos edificios públicos estaban construidos en mármol. Lindando con el Puerto Grande estaba el Barrio Real, una zona urbana de mas de 260 hectáreas, donde había palacios, templos, jardines y oficinas gubernamentales. Al Oeste del Barrio Real estaba el Caesareum. El Caesareum era un templo en honor del general romano MARCO ANTONIO terminado de construir por el emperador AUGUSTO que lo convirtió en un santuario dedicado a él mismo. En palabras del escritor judío Filón, el Caesareum era "extraordinariamente alto y amplio; esta lleno de pinturas y de estatuas de gran valor y embellecido todo él con oro y plata; alberga columnatas, bibliotecas, patios y bosquecillos sagrados, y todo ello muy diestramente construido sin escatimar gastos".
Cerca de él se erguían dos obeliscos, pilares de granito altos y delgados, rematados en punta. Fueron traídos de un templo egipcio antiguo y colocados delante del Caesareum por un ingeniero romano el 13 d.C. En el s. XIX uno de ellos fue llevado a Londres y colocado a orillas del Támesis, y el otro se llevó al Central Park de Nueva York. Son conocidos con el nombre de "Agujas de Cleopatra".
Pero Alejandría era algo mas que una ciudad de calles hermosas, mármoles esplendorosos y comercio concurrido; era un centro de enseñanza y de estudio. La universidad, llamada Museum, tenia la biblioteca más grande del mundo antiguo con mas de medio millón de volúmenes en sus estantes. En ella trabajaban sabios profesionales para investigar en un amplio abanico de materias: matemáticas, astronomía, anatomía, geografía, literatura y lenguas. Fue precisamente aquí donde se trazó el primer mapamundi basado en los datos aportados por viajeros; aquí escribió Euclides su famoso libro de Geometría y Aristarco propuso su teoría de que la tierra giraba alrededor del sol.
En Alejandría convivía un rico mosaico de razas: egipcios, judíos, romanos, griegos, africanos e hindúes. Pero de todos ellos los que más poder e influencia tenían eran los griegos. Ellos habían planificado la ciudad y la habían construido; la habían gobernado hasta la llegada de los romanos y continuaban desempeñando una parte importante en el gobierno de la misma con los romanos ya allí; suya era la lengua oficial, poseían grandes riquezas en la ciudad y gozaban de muchos privilegios. Todo ello causaba recelos entre las demás razas y fue uno de los motivos por los que estallaron frecuentemente disturbios y motines.El gobernador romano (o incluso el propio emperador) tenia que intervenir a menudo e intentar calmar las disputas de la manera más equitativa y pacifica posible. Tras una violenta reyerta en la que estaban por medio los judíos, el emperador CLAUDIO incluyó en una carta dirigida a los Alejandrinos la dura advertencia que sigue:
"Aunque estoy muy enojado con los que fomentaron el conflicto, no voy a indagar a fondo sobre quienes fueron los responsables de la reyerta -debería decir mejor 'guerra'- con los judíos. Pero os voy a decir lo siguiente de una vez para siempre: si no dejáis de pelearos unos con otros, me veré obligado a demostraros lo que puede hacer un emperador, aunque benigno, cuando se le presentan buenos motivos para enfadarse".

Desde Argentina

Cultura
La Biblioteca de Alejandría
La antigua biblioteca de Alejandría contenía la más grande colección de escritos de la antigüedad. Cuando fue destruida en el siglo V d.c. se perdió para siempre una buena parte de la sabiduría del mundo clásico.
En 1989 el gobierno egipcio convocó un concurso de arquitectura para elegir el diseño de la nueva y extensa Biblioteca de Alejandría. Unos 650 equipos de arquitectos presentaron sus planos, pero fue realmente una sorpresa cuando Snøhetta – una pequeña empresa noruega que nunca había ganado un concurso y sólo había construido unos pocos edificios a gran escala– fue galardonada con el primer premio. La nueva Biblioteca de Alejandría, o Bibliotheca Alexandrina, abrió sus puertas en el 2002 y está considerada como una de las obras arquitectónicas más importantes de las últimas décadas.
La biblioteca es magnífica a pesar de su simpleza. Básicamente el edificio es un cilindro situado en posición vertical y cortado diagonalmente, cuya claridad geométrica tiene mucho que ver con los edificios del Antiguo Egipto. Un puente peatonal atraviesa la forma cilíndrica de la biblioteca dando acceso desde la Universidad de Alejandría hacia el sur. Este puente cruza una calle de tráfico concurrido, llega hasta la segunda planta de la biblioteca, y continúa hasta una plaza pública situada en el lado norte del edificio, hacia el mar.
Al lado oeste del puente se ha recortado gran parte del cilindro creando un vacío, y es aquí donde se sitúa la entrada principal justo enfrente de las puertas delanteras de un antiguo centro se conferencias, y al que la biblioteca parece mostrar deferencia. Entre los dos edificios hay una plaza adoquinada con una gran esfera en medio donde se alberga el planetario.
El edificio cilíndrico está cortado en oblicuo. Normalmente esto daría como resultado una superficie elíptica, pero los arquitectos han comenzado con un cilindro elíptico que se va inclinando en vertical. De este modo tanto la base como el tejado de plano inclinado forman círculos perfectos. Todos los muros de la biblioteca se inclinan apuntando hacia el norte en dirección al mar, al igual que el tejado. Mientras que un cilindro de verdad es una forma estática, las irregularidades de la biblioteca le otorgan movimiento – una sensación que viene reforzada por la distancia vertical de este edificio de 10 plantas, que va desde 10 metros bajo tierra a 32 sobre ella.
El muro sur está revestido de planchas de granito que no han sido serradas, sino talladas directamente de grandes bloques. Por tanto la superficie es desigual con contornos suaves. Hay inscripciones con símbolos alfabéticos de todo el mundo. La luz del sol a través del cielo, junto con los reflejos de la luz eléctrica procedente de una dársena adyacente, producen un dinámico juego de sombras sobre los símbolos labrados en la pared, que hacen recordar los muros de los templos del Antiguo Egipto. El inmenso hall central de la biblioteca, un semicírculo de 160 metros de diámetro, emite una gran fuerza. El muro curvado está hecho de elementos de hormigón con junturas verticales abiertas, mientras que el muro recto está recubierto de piedra negra pulida traída de Zimbabwe. El suelo está dividido en siete niveles que descienden hacia el norte, hacia el Mediterráneo.
Por el Museo de Arquitectura de Noruega

Alejandro Magno

La Biblioteca Alejandria FuenteLa biblioteca de Alejandría Por el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Tenía avenidas de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro para anunciar a los marinos que allí se dirigían que se acercaban a su destino. El faro fue una de las siete maravillas del mundo antiguo. Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación. Ese centro, fundado alrededor del año 300 a.C., era la biblioteca y museo de Alejandría. El museo, un lugar dedicado a las especialidades de las Nueve Musas, era el centro de investigaciones propiamente dicho. La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India. El museo y la biblioteca estaban divididos en facultades, cada una dirigida por un sacerdote. El salario del personal lo pagaba el rey. Los estudiosos de la biblioteca y museo de Alejandría estudiaban todo lo estudiable: literatura, matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía, biología e ingeniería. Por sus pasillos se pasearon, entre otros, Eratóstenes; el astrónomo Hiparco, el cual trazó un mapa de las constelaciones y clasificó las estrellas por su brillo aparente; Euclides, sistematizador de la geometría; Apolonio de Perga, matemático que investigó las propiedades de las curvas llamadas "secciones cónicas" (parábola, hipérbola y elipse); Arquímedes, el genio de la mecánica, y -en el ocaso de la biblioteca, seis siglos después- la astrónoma, matemática y física Hipatia, una mujer que se desenvolvía con toda soltura en un medio tradicionalmente acaparado por hombres y una época en que las mujeres tenían aun menos oportunidades que hoy. La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños. La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca, en el año 415 d. C. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo.

Historia

La historia de la Biblioteca de Alejandría, de cómo debió de ser, de cómo trabajaron sus sabios, incluso del número exacto de volúmenes y el nombre de sus obras no se conoce con suficiente rigor científico, tal y como los eruditos entienden tal rigor. El conocimiento de esta gran obra se tiene a través de muy pocos testimonios, y aún éstos son esporádicos y están desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI insisten en aclarar que se trata en cierto modo de una utopía retrospectiva. La biblioteca existió, de eso no tienen ninguna duda, pero toda la literatura escrita en torno a ella es a veces contradictoria, dudosa, enigmática y llena de suposiciones, y se ha ido desarrollando a partir de muy pocos datos y esos pocos datos, la mayoría de las veces, son aproximados. Apenas hay datos exactos. Ésta es la historia de un lugar mítico, de cómo debió de ser, de cuál debió de ser su encanto.
Índice
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1 La biblioteca en la Antigüedad
2 Los sabios
3 Anexo y destrucción
4 Testimonios
5 Curiosidades y anécdotas
6 La Biblioteca del siglo XX
7 Referencias
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La biblioteca en la Antigüedad
Ptolomeo I Sóter mandó construir en Alejandría el gran palacio que serviría de alojamiento a toda la dinastía Ptolemaica. Al otro lado del jardín y conocido desde el principio con el nombre de Museo se edificó otro gran monumento. Le llamaron así por respeto a la sabiduría, porque lo consideraron como un santuario consagrado a las Musas, que eran las diosas de las artes y de las ciencias. El edificio constaba de varios apartados dedicados al saber, que con el tiempo fueron ampliándose y tomando gran importancia.
El departamento del Museo que se dedicó a biblioteca acabó siendo lo más importante de toda la institución y fue conocido en el mundo intelectual de la Antigüedad como algo grandioso y excepcional, algo que los reyes de la dinastía Ptolemaica se encargaron de mantener siempre en buen estado y en un progresivo aumento. Los Ptolomeos eran de origen macedonio y habían heredado de los griegos el gusto y el afán por el saber y el conocimiento; durante siglos apoyaron y mantuvieron la biblioteca que, desde sus comienzos, tuvo un gran ambiente de estudio y de trabajo. Ellos dedicaron gran parte de su inmensa fortuna a la adquisición de libros que engrosaran los estantes con obras de Grecia, Persia, India, Israel, África y más países.
La biblioteca del Museo constaba de diez grandes piezas o salas para investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente, muy rica y abundante en la mayoría de estas secciones y sobre todo muy completa en literatura griega. Una comunidad de poetas y eruditos era la encargada de mantener el buen nivel y trabajaban en ello con total dedicación, como sacerdotes de un templo. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.
Ptolomeo I encargó al poeta y filósofo Calímaco la tarea de la catalogación de todos los volúmenes y libros. Fue el primer bibliotecario de Alejandría. En estos años las obras catalogadas llegaban al medio millón. Unas se presentaban en rollos de papiro o pergamino, que es lo que se llamaba volúmenes, otras en hojas cortadas, que formaban lo que se llamaba tomos. Cada una de estas obras podía dividirse en partes o libros. Se hacían copias a mano de las obras originales, es decir ediciones, que eran muy estimadas, incluso más que las iniciales, por las correcciones llevadas a cabo. Las personas encargadas de la organización de la biblioteca y que ayudaban a Calímaco rebuscaban por todas las culturas y por todos las lenguas conocidas del mundo antiguo y enviaban negociadores que pudieran hacerse con bibliotecas enteras, unas veces para comprarlas tal cual, otras como préstamo para hacer copias.
Los grandes buques que llegaban al famoso puerto de Alejandría cargados de mercancías diversas eran inspeccionados por la "policía", no en busca de contrabando sino en busca de posibles libros. Cuando encontraban los rollos, los confiscaban y los llevaban en depósito a la biblioteca. Allí se encargaban los amanuenses de copiarlos y una vez hecha esa labor, eran devueltos (generalmente) a sus dueños. El valor de estas copias era altísimo y muy estimado. La Biblioteca de Alejandría llegó a ser la depositaria de todas las copias del mundo antiguo. Allí fue donde realmente se llevó a cabo por primera vez el arte de la edición crítica.
Se sabe que en la biblioteca se llegaron a depositar el siguiente número de libros:
200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
400.000 en la época de Ptolomeo II
700.000 en el año 48 adC, con Julio César
900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo
Cada uno de estos volúmenes era un rollo de papiro, un manuscrito con cantidad de temas diferentes. Se sabe que allí estaban depositados 3 volúmenes preciosísimos con el título de Historia del mundo, cuyo autor era un sacerdote babilónico llamado Beroso y que el primer volumen trataba desde la Creación hasta el Diluvio, periodo que según él había durado 432.000 años, es decir, cien veces más que en la cronología que se da en el Antiguo Testamento.
La Biblioteca de Alejandría empezó su vida con el reinado de Ptolomeo I (362 adC-283 adC) (otras fuentes dicen que con Ptolomeo II) y la terminó trágicamente en el año 48 adC, durante la guerra entre Roma y Egipto. Se dio una batalla terrible en el mar, entre la flota egipcia y la romana y la consecuencia fue un espantoso incendio en la ciudad que afectó a casi toda el área urbana y por supuesto al gran edificio del Museo donde estaba ubicada la gran biblioteca. Toda la riqueza intelectual, todo el saber acumulado durante siglos desapareció en poco tiempo. Sólo algunos rollos pudieron salvarse y la memoria de muchas de sus obras. Se sabe, por ejemplo, que allí existían 123 obras teatrales del escritor griego Sófocles de las cuales sobrevivieron 7; una de las supervivientes es Edipo rey.
Fue una pérdida irreparable e incalculable. Cuenta la Historia que en el desorden provocado por la batalla, entre tantos incendios ocasionados, el de la biblioteca fue producido intencionadamente, como un acto más de vandalismo y que no hubo nadie capaz de detenerlo. La población de Alejandría era totalmente ajena a lo que se guardaba allí, no le importaba nada, nunca había sido partícipe de los conocimientos y de la ciencia que en realidad jamás se aplicó para mejorar su modo de vida. Los estudios, los grandes descubrimientos en mecánica y tecnología nunca tuvieron una aplicación práctica inmediata; la investigación benefició poco al pueblo; la ciencia y la cultura en general eran patrimonio de unos pocos privilegiados. Para estos pocos privilegiados y para el mundo actual, la Biblioteca de Alejandría fue y sigue siendo una biblioteca mítica y legendaria.
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Los sabios
Llegaron a ser más de cien en la época de mayor esplendor. Pertenecían a dos categorías, según la clasificación hecha por ellos mismos: filólogos y filósofos. Los filólogos estudiaban a fondo los textos y la gramática. La Filología llegó a ser una ciencia y estaba muy relacionada con la historiografía y la mitografía. Los filósofos eran todos los demás, tanto los pensadores como los científicos.
Entre los grupos de sabios que trabajaron allí y que pasaron horas y horas estudiando en este recinto se encontraban personajes tan famosos en la Historia como Arquímedes (ciudadano de Siracusa), Euclides que desarrolló allí su Geometría, Hiparco, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocéntrica del Universo; enseñó que las estrellas tienen vida, que nacen y después se van desplazando a lo largo de los siglos y finalmente, mueren; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico (movimiento de la Tierra y los planetas alrededor del sol), Eratóstenes, que escribió una Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido, Herófilo, un fisiólogo que llego a la conclusión de que la inteligencia está en el cerebro y no en el corazón, los astrónomos Timócaris y Aristilo, Apolonio de Pérgamo, gran matemático, Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos de vapor asombrosos; es el autor de la obra Autómata, la primera obra que conocemos en el mundo sobre los robots. Y más tarde, ya en el siglo II, allí mismo trabajó y estudió el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo de Alejandría y también Galeno de Pérgamo que escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre la anatomía; sus enseñanzas y sus teorías fueron seguidas hasta muy entrado el Renacimiento. La última persona insigne del Museo fue una mujer: Hipatia de Alejandría, gran matemática y astrónoma, que tuvo una muerte trágica.
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Anexo y destrucción
Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y gran volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergete (246 adC-221 adC). El lugar donde se estableció esta parte nueva fue en la colina del barrio de Racotis (hoy se llama Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar, en el antiguo templo erigido por los primeros Ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo. Esta segunda biblioteca debió ser sin duda la que resistió el paso de algunos siglos, conquistando como la anterior la fama y el prestigio del mundo conocido. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron en gran manera. La modernizaron incorporando calefacción central por tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.
Esta biblioteca-hija sustituyó a la primera durante bastantes años. Después del desastroso incendio de Alejandría, cuando pelearon las naves de Julio César y las naves egipcias, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (actual Turquía) junto con Marco Antonio. Fue entonces cuando éste le ofreció los 200.000 manuscritos traídos desde Pérgamo, pertenecientes a la Biblioteca del rey Attalo. Cleopatra los entregó a la nueva biblioteca. Fue una especie de recompensa por las pérdidas ocasionadas en el incendio. Pero la nueva biblioteca corrió el mismo designio de tragedia y destrucción. En el siglo III después de Cristo, el emperador Diocleciano que era muy supersticioso según cuentan los historiadores, ordenó la destrucción de todos los libros relacionados con la alquimia. Más tarde, en el año 391, el patriarca de Alejandría Teófilo atacó la biblioteca al frente de una muchedumbre enfurecida con ardores religiosos. El Serapeo fue entonces demolido piedra a piedra y sobre sus restos se edificó un templo cristiano.
Seguramente se salvaría una buena parte de los libros de la biblioteca y seguramente pusieran también a salvo el sepulcro de Alejandro Magno. Los arqueólogos no pierden la esperanza de encontrar ambas cosas enterradas quizás en el desierto de libia. Pero en la colina donde estaba el templo de Serapis nunca se volvió a reconstruir la biblioteca. En el año 416, Orosio (teólogo e historiador hispanorromano) vio con mucha tristeza las ruinas de aquella ciudad que había sido magnífica y las ruinas de la colina. Los arqueólogos que emprendieron su trabajo en el siglo XIX dan fe de la violencia que debió desatarse en aquel lugar. Sus testimonios científicos no salieron nunca a la luz de la divulgación.
En el siglo VI hubo en Alejandría luchas violentas entre los cristianos monofisitas y los melquitas y más tarde aún, en el 619 los persas acabaron de destruir lo poco que quedaba en esta ciudad. La historia que se cuenta de la destrucción ocasionada por el emir musulmán Amir ibn al-Ass no cuadra con las fechas de la destrucción. Los historiadores aseguran que cuando este caudillo entró en Alejandría no encontró más que desolación y ruinas. Sin embargo la leyenda dice que cuando el comandante musulmán Amir ibn al-Ass terminó la conquista de Egipto, comunicó a su jefe el califa Omar I todo lo que había encontrado en la mítica ciudad de Alejandría, y le habló de la biblioteca para pedirle las instrucciones sobre qué hacer con esa cantidad de libros. A lo que el califa, según cuentan, respondió: Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo a la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos. Lo cierto según los hechos históricos es que no subsistía entonces ya tal biblioteca.
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Testimonios
Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son informes de paso, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar y describir ni el edificio ni la vida que en ella se desarrollaba.
Así tenemos al geógrafo griego Estrabón (c. 63 adC-c. 24 adC), gran viajero, que hace una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I adC. Habla del Museo y dice que consta de una exedra (εξεδρα), es decir una obra hecha al descubierto, circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la Gran Biblioteca, algo "obligatorio" en el Museo.
Aristeas, en el siglo II adC (mencionado anteriormente), en las cartas dirigidas a su hermano Filócrates habla de la biblioteca y de todo el asunto de la traducción de los LXX.
Marco Anneo Lucano, historiador, natural de Hispania, sobrino de Séneca, del siglo I, cuenta en su obra Farsalia cómo ocurrió el incendio, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.
Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto. Con muchas salas llenas de estantes para los libros y con habitaciones donde sólo los copistas podían estar sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban a tanto por línea copiada.
Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés y tío de Lucano (poeta cordobés), en el siglo I, escribió un libro llamado De tranquilitate animi. En él cuenta, a través de una cita de Tito Livio, que en aquel incendio se llegaron a quemar 40.000 libros.
El biógrafo Plutarco (c. 46-125), viajó en varias ocasiones a Egipto. En Alejandría debió escuchar muchas historias sobre el famoso incendio. Escribió una biografía sobre Julio César y al tratar sobre la batalla en el mar en ningún momento cuenta el incendio de la biblioteca, ya que en el desastre estaba implicado César y parece ser que no quiere manchar su nombre con aquel hecho. El mismo Julio César en su obra Bellum Civile en que habla de aquella batalla, omite por completo el incendio de la biblioteca. Otros escritores de la misma época también silencian la relación de César con el incendio de Alejandría.
Mucho más tarde, en el siglo IV de nuestra era, San Juan Crisóstomo hace una relación del estado en que se encontraba en aquellos años la brillante ciudad de Alejandría y dice que la desolación y la destrucción son tales que no se puede adivinar ni el lugar donde se encontraba el Soma (el mausoleo de Alejandro) ni la sombra de la gran biblioteca.
En el siglo XV, un escriba se molestó en traducir al latín los comentarios de Juan Tzetzes (c.1110-c.1180), que fue un filólogo bizantino. Dichos comentarios estaban tomados de la obra Prolegómenos a Aristófanes. Tzetzes habla en ellos sobre la Biblioteca.
A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco en el pueblo de El-Bahnasa (pequeño pueblo a 190 km al sur de El Cairo, en Egipto) miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En parte de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de algunos de sus directores o blibliotecarios. En esa lista aparecen Demetrio de Falerio, Zenódoto de Éfeso, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Apolonio de Alejandría, Aristarco y muchos más.
La enciclopedia Suda (on-line) de la Universidad de Kentucky ha recopilado un conjunto de informaciones según las fuentes heredadas de la época de Alejandro Magno y posterior.
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Curiosidades y anécdotas
En la literatura apócrifa judía existe un libro que lleva el título de Cartas de Aristeas a su hermano Filócrates, que se supone escrito entre los años 127 adC a 118 adC. En esta obra se narra un hecho histórico: En el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (285-247 adC) trabajaba en el Museo un bibliotecario llamado Demetrio de Falerio (o Falero), un entusiasta de la biblioteca que luchó toda su vida por su engrandecimiento. Demetrio rogó al rey que pidiera por medios diplomáticos a la ciudad de Jerusalén el libro de la ley judía y que también hiciera venir a Alejandría a unos cuantos traductores para verter al griego los cinco volúmenes de dicho texto hebreo del Torá (llamado después de la traducción Pentateuco, en griego), es decir los cinco libros del Antiguo Testamento. El sacerdote de Jerusalén Eleazar envió a Alejandría a 72 sabios traductores que se recluyeron en la isla de Faros (frente a Alejandría) para hacer el trabajo, se dice que en 72 días. Esta fue la primera traducción de la Historia, llamada Septuaginta (o de los LXX), porque redondearon el número de 72 traductores a 70.
En otra ocasión, Demetrio de Falerio (que además era un gran viajero), estando en Grecia, convenció a los atenienses para que enviasen a Alejandría los manuscritos de Esquilo (que estaban depositados en el archivo del teatro de Dionisos en la ciudad de Atenas), para ser copiados. Cuando se hacía una petición como ésta, la costumbre era depositar una elevada cantidad hasta la devolución de los textos. Los manuscritos llegaron al Museo, se hicieron las copias correctamente, pero no volvieron a su lugar de origen, sino que lo que se devolvió fueron las copias hechas en la biblioteca. De esta manera Ptolomeo Filadelfos perdió la gran suma del depósito hecho, pero prefirió quedarse para su biblioteca el tesoro que suponían los manuscritos.
En el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la fecha para la Pascua de la Resurrección fuera calculada en Alejandría, pues por aquel entonces el Museo de esta ciudad era considerado como el centro astronómico más importante. Después de muchos estudios resultó una labor imposible; los conocimientos para poderlo llevar a cabo no eran todavía suficientes. El principal problema era la diferencia de días, llamada spacta, entre el año solar y el año lunar además de la diferencia que había entre el año astronómico y el año del calendario juliano, que era el que estaba en uso.
La biblioteca completa del filósofo Aristóteles, su obra y sus libros se custodiaban en este lugar. Algunos autores creen que la compró Ptolomeo II. Todo se perdió. Había también 20 versiones diferentes de la Odisea, la obra La esfera y el movimiento de Autólico de Pitano, Los Elementos de Hipócrates de Quíos y tantas obras de las que no se conserva más que el nombre y el recuerdo.
En Alejandría las copias se hacían siempre en papiro y además se exportaba este material a diversos países. La ciudad de Pérgamo era una de las que más utilizaba el papiro, hasta que los reyes de Egipto decidieron no exportar más para tener ellos en exclusiva dicho material para sus copias. En Pérgamo empezaron a utilizar entonces el pergamino, conocido desde muchos siglos atrás, pero que se había sustituido por el papiro por ser este último más barato y fácil de conseguir.
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La Biblioteca del siglo XX
Fachada principal. Sala de lectura.
En el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad. Esto ocurría 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la UNESCO. El presupuesto en aquel año fue de 230 millones de dólares. Las obras empezaron el día 15 de mayo de 1995 y se terminaron con éxito el 31 de diciembre de 1996. A su inauguración acudieron tres reinas: la de España, la de Suecia y la de Jordania, además de algunos jefes de Estado.
El edificio, realizado por el arquitecto noruego Snohetta, resultó ser un enorme cilindro de cemento, cristal y granito traído desde Asuán para la fachada, dispuesto con bajorrelieves caligráficos en la mayoría de las lenguas del mundo; está situado el edificio en el malecón de Alejandría, a pocos metros del lugar donde se supone que se encontraba la antigua biblioteca. Tiene una superficie de 36.770 metros cuadrados con una altura de 33 metros. Consta de 11 niveles, 4 de los cuales se hallan por debajo del nivel de la calle. Ofrece una sola hipóstila (sala egipcia sostenida por columnas) de hormigón y maderas nobles, situada en el centro del edificio, destinada para lectura, donde caben hasta 2.000 personas. Su cubierta es cilíndrica, haciendo así un homenaje al dios egipcio Ra, el dios del Sol. Está pensada esta cubierta y construida de tal manera que la combinación de vidrio y aluminio controla la luz dentro del espacio, mientras que por fuera se proyecta hacia el Mediterráneo, como un recuerdo del famoso faro de Alejandría.
Se ha calculado que el número posible de libros puede llegar a los 20 millones; de momento consta de unos 200.000; la mayoría de ellos son donaciones. Hay 50.000 mapas, 10.000 manuscritos, 50.000 libros únicos y además ejemplares del mundo moderno, con 10.000 multimedia de audio y 50.000 multimedia visuales; la biblioteca acoge además el Internet Archive. Todo esto lo rigen y supervisan unos 600 funcionarios.
Dependiendo de esta biblioteca se han construido además otros dos edificios, uno dedicado a centro de conferencias y el otro dedicado a planetario que consta de tres museos: de la Ciencia, de la Caligrafía y de la Arqueología. Hay además un laboratorio de restauración, bibliotecas para niños, jóvenes, invidentes y minusválidos y una moderna imprenta.
En el siglo XXI existen en el mundo cinco grandes bibliotecas:
Biblioteca del Congreso Americano
Biblioteca del Museo Británico
Biblioteca Nacional francesa
Biblioteca del Vaticano
Biblioteca de Alejandría
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Referencias

Maravilla

La Gran Biblioteca de Alejandría Nueva Bibliotheca Alexandrina Superficie: 36.700 m²3500 asientos4-8 millones de volúmenes50.000 mapas100.000 manuscritos200.000 discos/cintas50.000 discos/videos Web: Bibliotheca Alexandrina Bibliotheca Alexandrina - UNESCO Cuentan que, de las siete maravillas del mundo antiguo, sólo una fue diseñada por razones prácticas, el faro de Alejandría, cuyos destellos se podían ver desde más de 50 kilómetros de la costa. La ciudad fue fundada por Alejandro Magno en el año 332 a.C. Los cálculos para la estructura del faro, el edificio más alto del planeta en su tiempo, se hicieron dentro de otra joya de la ciudad fundada por Alejandro Magno y cuya luz llegaba incluso más lejos: la Gran Biblioteca de Alejandría. La biblioteca desapareció hace cerca de dos mil años, a causa de un gran incendio -según algunas teorías- pero ahora, como la mítica ave del desierto árabe, ha resurgido de las cenizas de la historia. Legado universal Susan Mubarak, esposa del presidente de Egipto y una de las signatarias de la Declaración de Aswán para el Renacimiento de la Antigua Biblioteca de Alejandría, adoptada en febrero de 1990, presidió su preapertura. La institución estará abierta a quien necesite utilizar sus recursos. La nueva biblioteca, construida a un costo de US$230 millones, permanecerá abierta durante seis semanas para probar sus computadoras y sus instalaciones audiovisuales y de conferencia. "La Bibliotheca Alexandrina servirá de testimonio a un momento decisivo en la historia del pensamiento humano: el intento de crear un summum del conocimiento, de reunir las escrituras de todos los pueblos [...], una empresa original que, al abarcar la totalidad y diversidad de la experiencia humana, se convirtió en la matriz de un nuevo espíritu de indagación crítica, de la percepción elevada del conocimiento como un proceso de colaboración", plantea la Declaración de Aswán. Espíritu de colaboración En los siglos en que floreció la Gran Biblioteca, algunos de los más distinguidos investigadores de la antigüedad estuvieron vinculados a ella. Este mapa de Hispania lo trazó Ptolomeo, uno de los sabios de Alejandría. Fue en Alejandría donde Euclides desarrolló la geometría, donde Arquímides inventó la bomba de agua y el astrónomo Eratóstenes -bibliotecario en jefe después de Calímaco- calculó el diámetro de la Tierra, más de 15 siglos antes del nacimiento de Copérnico y Galileo. En la biblioteca también trabajaron Ptolomeo, el gran cartógrafo, Dionisio Thrax, el "padre" de la gramática y el astrónomo Aristarco de Samos, quien calculó la distancia de la Tierra a la Luna y cambió la concepción del Universo, al plantear que nuestro planeta rotaba alrededor del Sol. El espíritu de colaboración de la Gran Biblioteca se evidenció en la traducción del hebreo al griego de lo que se conocería como el Antiguo Testamento, llevada a cabo por 72 rabinos. De manuscritos a CD-ROM La colección de la antigua biblioteca creció gracias a una estrategia de piratería intelectual que escandalizaría a las grandes casas editoriales y empresas disqueras modernas. Cada barco que pasaba por Alejandría, uno de los más importantes puertos de la antigüedad, era abordado y se incautaba cualquier manuscrito que transportara. Se cree que la biblioteca se quedaba con los originales y hacía llegar copias a sus antiguos dueños, amasando así una colección de más de medio millón de manuscritos. La nueva institución, de 36.700 metros cuadrados de superficie y diseñada por el despacho de arquitectura noruego Snohetta, reunirá hasta ocho millones de volúmenes, 50.000 mapas, 100.000 manuscritos, 200.000 discos o cintas de música y unos 50.000 materiales audiovisuales, la mayoría de ellos adquiridos a través de donaciones. La biblioteca, abierta a cualquiera que necesite sus recursos, podrá ser utilizada por 3.500 investigadores y contará con un centro de conferencias de 3.200 asientos, dos museos, un planetario, un instituto de estudios de información y otro de caligrafía. Colaboración internacional Su catálogo informatizado, desarrollado en colaboración con Francia, será un testimonio más de la sofisticación de la antigua biblioteca, la primera en clasificar su colección. El diseño simboliza el sol egipcio iluminando al mundo y la civilización. Los equipos audiovisuales han sido donados por Japón, el laboratorio para la restauración de manuscritos por Italia y los equipos para el transporte de documentos por Alemania. La colección se enriquecerá con regalos de todas partes del mundo, a raíz de una petición lanzada en 1987 por el ex director general de la UNESCO, Mahtar M´Bow, quien dijo que la biblioteca transformaría la escena cultural del Medio Oriente y los países del Magreb. Así se hará realidad el sueño del historiador Mostafa el-Abbadi, educado en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, quien se propuso en 1974 devolver a Alejandría y al mundo la Gran Biblioteca e insistió hasta obtener el apoyo del presidente de la Universidad de Alejandría, el Dr. Lufti Dowidar, del gobierno egipcio y, finalmente, de la UNESCO. A partir de abril de 2002, el nuevo faro cultural de Alejandría estará abierto al público. © BBC World Service

Sunday, November 19, 2006

La leyenda

LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA
Una leyenda tendenciosa se extendió durante siglos por las escuelas. Los árabes habrían destruido la célebre biblioteca de Alejandría cuando conquistaron la ciudad en el siglo VII. Se trata de un cuento infamante y sin sentido histórico. Los árabes nunca pudieron incendiar la Gran Biblioteca de Alejandría, ni siquiera la Pequeña Biblioteca, sencillamente porque, cuando las tropas de 'Amru llegaron a la ciudad en el 641, ya hacía cientos de años que no existían. Lo que encontraron los árabes fue una ciudad dividida, arruinada y exhausta por siglos de luchas civiles.
Como se sabe, Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en el 331 a. C. como nueva capital de Egipto. Fue un general de Alejandro, Ptolomeo I Sotero (305-282) quien fundó la Biblioteca y el Museo en 295, gracias al consejo de los sabios griegos Eudoxio, Demetrio de Falero, su primer director y bibliotecario, y del propio Aristóteles (si bien sería indirectamente, pues el filósofo había muerto en el 322), de quien afirma Estrabón que enseñó a los Ptolomeos a formar su Biblioteca, bajo la forma clásica de un gymnasium y sus anexos. Más tarde colaboró Estratón de Lampsaco, preceptor del príncipe heredero Ptolomeo Filadelfo, que luego sucedió a Teofrasto como escolarca del Liceo. La Biblioteca nunca fue dirigida por un egipcio, fue una institución helenística, cuyo director, cargo de gran relevancia social, era nombrado directamente por el rey. Parece sin embargo que el jefe titular del Museo fue al principio un representante de la vieja jerarquía egipcia; tal vez el nombramiento tenía por objeto evitar que los viejos sentimientos religiosos egipcios chocaran demasiado violentamente con aquella irrupción del escepticismo científico griego.
La ambición e influencia de Demetrio (antiguo discípulo de Teofrasto) agudizó el gusto de Ptolomeo Sotero por la Ciencia. La coincidencia del espíritu aristotélico con la munificencia lágida aseguraron a Alejandría la primacía en casi todas las disciplinas científicas hasta el final de la Antigüedad. Desde el principio encontramos establecidos allí a Herófilo, el médico más célebre de la época, los astrónomos Aristilo y Timocaris y el ilustre geómetra Euclides, cuya obra, los Elementos, ha sido uno de los libros más influyentes en la historia de la humanidad.
Cuenta el geógrafo Estrabón, que visitó el Museo a finales del siglo I antes de Jesús, que el Museo "encierra un paseo, una exedra y una gran sala en la que se celebran las comidas en común de los filólogos empleados en el Museo. Existen fondos comunes para el sostenimiento de la colectividad, y un sacerdote puesto en otros tiempos por los reyes, y hoy, por César, al frente del Museo". La Gran Biblioteca era un complemento indispensable del Museo (o templo dedicado a las Musas). Fue descrita por Tito Livio como "el más bello de los monumentos". Tenía numerosas salas con estantes para libros –los "armaría" que consultaban los sabios- y habitaciones para los escribas y artistas que copiaban y preparaban los rollos, cobrando a tanto por línea. Todos los Ptolomeos siguieron coleccionando miles de manuscritos griegos, judíos, egipcios, persas e indios, hasta los tiempos de Cleopatra. Los navíos y viajeros que pasaban por Alejandría estaban obligados a dejar en ella los manuscritos originales que poseían, a cambio de copias. En ellos se anotaban los nombres de los antiguos propietarios y eran registrados y clasificados antes de su depósito y utilización.
Los sabios reunidos en el Museo debieron llegar a ser más de cien en los momentos más brillantes. Se clasificaban a sí mismos en dos categorías: los "filólogos" y los "filósofos". Los primeros, como indica su nombre, se interesaban por todo lo referente a textos y gramática. Fundaron la Filología como ciencia, sin descuidar los estudios eruditos de historiografía y mitografía. Los "filósofos", de orientación "peripatética" o "aristotélica", eran pensadores menos dados a la meditación moral o metafísica, que científicos versados en las ciencias particulares: matemática, astronomía, geografía y medicina. Por lo demás, algunos espíritus enciclopédicos como Eratóstenes, brillaron a la vez como "filólogos" y como "filósofos".
L. W. H. Hull consideró al Museo como la primera universidad que existió en el mundo, otros, como J. Beaujeu prefieren hablar de "Instituto académico de investigaciones" ya que los miembros del Museo, que podían tener algunos discípulos, no se veían obligados a seguir cursos regulares, dedicando así todo su tiempo a la investigación o la discusión. Tenían aulas de lecciones, instrumentos astronómicos, salas de disección, jardines botánicos y zoológicos. Sus sueldos procedían directamente del rey. Los ptolomeos asistían a los banquetes, que eran un elemento de la vida académica en que se intercambiaban puntos de vista (symposios). Hoy sabemos que los alejandrinos construyeron máquinas de vapor, relojes muy sofisticados, diseñaron complicadas palancas (Arquímedes estudió en Alejandría) e incluso midieron la altura de las montañas de la luna y la longitud de la circunferencia de la Tierra, con una exactitud admirable.
Ptolomeo II Filadelfo (285-246) compró la biblioteca de Aristóteles y Teofrasto y reunió alrededor de medio millón de libros. Ptolomeo III Evergete (246-222) fundó en el Serapeum la Biblioteca-Hija, la segunda biblioteca pública de la ciudad, seguramente por haberse quedado pequeña la Gran Biblioteca o Biblioteca-Madre. El hecho de que Alejandría mantuviese dos bibliotecas a partir del siglo III antes de Cristo ha sido una fuente de continuas confusiones entre eruditos e historiadores.
La Gran Biblioteca fue la más grande, rica e importante de la Antigüedad, sobrepasando a sus rivales de Atenas y Antioquía. No sólo griegos, sino también egipcios, fenicios, árabes, persas, judíos e indios buscaban en sus archivos y se sentaban en sus bancos de piedra, bajo sus pórticos, mirando el Faro y el mar azul... La cultura griega se enriqueció aquí, como las restantes, con el contacto de otras.
Su proximidad al mar fue causa accidental de su trágico destino. La mítica Biblioteca ardió como consecuencia de una acción militar de Julio César. Lo cuenta un hispano sobrino de Séneca, el historiador Marco Anneo Lucano (39-65), en su obra Farsalia: Julio César, en el 47 a. C., torpemente involucrado en las rivalidades dinásticas alejandrinas, y sitiado por el general Achillas en el palacio real de Lochias, a orillas del mar, mandó incendiar su propia flota o la de los Ptolomeos, más de sesenta barcos anclados en el Gran Puerto oriental. El incendio se propagó rápidamente a los muelles, y de éstos a la ciudad real y los depósitos de la Biblioteca... "las casas vecinas a los muelles prendieron fuego; el viento contribuyó al desastre; las llamas eran lanzadas por el viento furioso como meteoros sobre los tejados. Los soldados egipcios tuvieron que abandonar el sitio de César para tratar de salvar Alejandría de las llamas". El tío de Lucano, Lucio Anneo Séneca, el filósofo cordobés, menciona en su 'De tranquilitate animi' la cifra de cuarenta mil libros quemados, citando su fuente, Tito Livio, quien fue contemporáneo del desastre. Plutarco también registra el incendio en su Vida de César. Julio César, sin embargo, en su Bellum Civile describe la batalla, pero silencia el desastroso incendio de la Biblioteca, argucia que no sirve sino para poner aún más en evidencia su responsabilidad en el desgraciado accidente. Otros también callarán, como Estrabón, Appiano o Cicerón. Y nadie, hasta el final de la dinastía Julio-Claudia se atreverá a contradecir la vesión de Julio César. Sólo se atrevieron a transgredir la censura política las clases senatoriales y republicanas opuestas al imperio y que consideraba a Julio César como un tirano.
Alejandro Magno había encargado el diseño de la urbe real al arquitecto rodio Dinócrates, que la concibió magistralmente, paralela al mar, con vías perpendiculares al puerto, para refrescarla en verano con los vientos "etesios" procedentes del norte y que soplan con fuerza durante el estío. Por eso, en el ataque de César, los fuegos del puerto penetraron rápidamente en la ciudad, prendiendo en techos, postes de madera, cortinajes de los pórticos... con el fuego se fueron en cenizas los miles de libros acumulados por los Ptolomeos en doscientos cincuenta años.
Domiciano (81-96) mandó reconstruir las bibliotecas del Imperio, entre ellas la de Alejandría. Pero la ciudad sería destruida dos veces por Caracalla (211-217) y Valeriano (253); otra, cuando en el 269 se dio la desastrosa conquista de la ciudad por Zenobia, reina de Palmira; y en el 273, cuando Aureliano saqueó y destruyó completamente el Bruchión, desastre al que no pudieron sobrevivir ni el Museo ni la Biblioteca. Se dice que en aquella ocasión los sabios griegos se refugiaron en el Serapeum, que nunca sufrió con los desastres romanos, y otros emigraron a Bizancio; cuando Diocleciano destruyó la ciudad de nuevo (294-5) el Museo y su Biblioteca aneja estaban ya abandonados.
En la Acrópolis de la colina de Rhakotis, en el rincón de Alejadría más alejado del mar y, por tanto, más resguardado, la Biblioteca-Hija perduró algo más. Fue engrandecida por todos los emperadores romanos, sustituyendo definitivamente a la Gran Biblioteca. Incorporaba calefacción central por tuberías para mentener secos los libros en sus depósitos subterráneos. Como dijimos, fue fundada por Ptolomeo III Evergete (246-221 a. C.) como complemento de la Biblioteca-Madre, agrandando con ella la Casa de la Vida del santuario de Serapis. Estuvo repleta de papiros egipcios pero también de copias de textos griegos clásicos. Cleopatra VII Philopator, la famosa amante de Marco Antonio, tuvo un gran interés en ella, así como en el templo de Serapis, que llegó a ser una de las siete maravillas del mundo, donde aparecía ataviada con los insinuantes velos de Isis en las ceremonias sagradas. A fines del siglo I a. C. la Biblioteca-Hija debió ser el receptáculo de los despojos que quedaron de la Gran Biblioteca y de los doscientos mil rollos que Marco Antonio saqueó en Pérgamo para regalar a su amada Cleopatra, resarciéndole así de las pérdidas irreparables que el fuego de César había provocado, según Plutarco.
El grandioso santuario de Serapis fue fundado en el 300 a. C por Ptolomeo I, quien creó este culto, haciendo llevar la estatua de Serapis desde Sinope, a orillas del Mar Negro, hasta Alejandría. Es prácticamente seguro que el nombre de Serapis se deriva de Osiris-Apis, es decir, del toro Apis vuelto inmortal bajo la forma de Osiris, dios de los Infiernos... Los griegos hacían de él una asociación de Zeus y Hades. Este dios sincrético ptolemaico, señor tutelar de Alejandría, se representaba bajo la efigie de un varón sentado, barbado, de mirada dulce y con un "kalathos" (¿cáliz, modio o maceta?) en su cabeza, símbolo de la fertilidad. A veces fue confundido con Esculapio, por su atributo de paredro sanador. La gran estatua original del templo fue realizada por Briaxis. Se le representó acompañado por Cerbero. Los egipcios le consideraron siempre un dios griego y para los romanos resultaba tan exótico que lo situaban en el panteón egipcio, sin embargo llegó a ser considerado, al menos en Alejandría, como un dios supremo (panteo). Su culto se difundió por los puertos y las grandes ciudades cosmopolitas, entre marineros y legionarios. Ptolomeo I, introductor de su culto en Egipto, le construyó un modesto templo, que Ptolomeo III amplió a la par que creaba la Biblioteca-Hija. Los Claudios, por fin, le dotaron de unas dimensiones espectaculares (185 por 92 metros). El complejo de la acrópolis alejandrina incluía el templo de Serapis, el Anubión, la Biblioteca-Hija, el Iseum y la necrópolis de los animales sagrados, uno de los mayores hipogeos de Egipto, con 153 metros de fondo, dos obeliscos de Sethi I, así como la sagrada Columna de Serapis, que guiaba refulgente a los marineros hacia el puerto desde los altos de Serapeum, la "Columna de Helios", que aún vieron ilustres viajeros en el siglo III.
Tanta belleza no fue destruida por los guerreros árabes que tomaron las ruinas de la ciudad en el 641, sino por los cristianos monofisitas en el año 391. En efecto, tras el mandato del emperador Teodosio I mandando cerrar los templos paganos, los cristianos destruyeron e incendiaron violentamente el Serapeum alejandrino. Las llamas arrasaron así la última y fabulosa biblioteca de la Antigüedad. Según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue el Patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), caracterizado por su fanático fervor en la demolición de templos paganos, el instigador de aquella hecatombe. Los monjes y cristianos enardecidos rodearon el templo de Serapis. Fue el propio Teófilo, tras leer el decreto de Teodosio, quien dio el primer hachazo a la sagrada estatua de Serapis, cuya cabeza fue arrastrada por las calles de Alejandría y luego enterrada. Una parte importante del pensamiento clásico y pagano desaparecía al mismo tiempo. La ruina de la ciudad fue tanta que uno de los padres de la Iglesia griega, S. Juan Crisóstomo (347-407), escribió: "la desolación y la destrucción son tales que ya no se podría decir dónde se encontraba el Soma". Se refería a la tumba de Alejandro, el mausoleo del fundador, el monumento más emblemático de la ciudad.
Es verosímil que una parte de los fondos de la Biblioteca-Hija fueran retirados a tiempo. Tal vez las mismas manos, realmente piadosas, que pusieron a salvo los restos mortales de Alejandro para evitar su profanación, se llevaron la parte más señalada de los fondos de la biblioteca. La existencia en algún lugar lejano de una cámara oculta, enterrada en el desierto líbico o en el valle del Nilo, donde aún se halle la urna de cristal en la que reposan los restos mortales del joven alumno de Aristóteles, junto, ¡quién sabe!, a cientos de libros del Serapeum, suscita una esperanza magnífica y romántica.
Nunca se volvió a reconstruir la segunda Biblioteca de Alejandría tras aquel desastre que sepultó en el interior del templo de Serapis a cientos de paganos, mezclados con las columnas quebradas. Los arqueólogos no han encontrado allí ningún vestigio ni bizantino ni islámico. Cuando volvía a su Iberia natal, Orosio vio entristecido en el 416, a su paso por Alejandría, las ruinas de los templos con "sus armarios vacíos de libros", añadiendo en su Historia que "fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo". Por debajo de aquellas ruinas convertidas en una colina de tierra y muerte, en antiguos palacios, resucitaron y sobrevivieron todavía las escuelas paganas hasta el 529, cuando Justiniano las mandó cerrar, destruyendo así el último legado del patrimonio antiguo. Pero tras el 391, la colina de Rhakotis quedó como un lugar maldito, embrujado por las almas de las víctimas insepultas o amontonadas en fosas, alrededor de los escombros de la Columna del Sol. Este espectáculo dantesco fue presenciado por los asombrados ojos de los arqueólogos del siglo pasado, que excavaron las terrazas del santuario entre los fragmentos de columnas y paramentos, rotos con encarnizamiento. Sus testimonios científicos, cuidadosamente silenciados, como si de un tabú se tratara, revelan sin lugar a dudas que aquel lúgubre y terrible lugar fue el final indigno de la milenaria cultura griega y faraónica.
Sobre ese montón de cadáveres que descubrió el arqueólogo G. Botti, el emperador bizantino Arcadio mandó erigir la Columna Theodosiana o Arcadia, para conmemorar el "Triunfo del Cristianismo". Esta columna monolítica, de treinta metros, provenía de algún templo alejandrino cercano al Serapeum y fue llamada la "Columna de Pompeyo" por los cruzados, milagro de equilibrio del fuste más alto y bello de la antigüedad, de granito pulido, mantenido como por magia sobre exigua base. Su erección tras la destrucción del Serapeum marca con su enigmática presencia el silencio de los paganos muertos, pero también su postrer triunfo.
Más tarde, durante el siglo VI, Alejandría fue presa de violentas luchas civiles entre cristianos monofisitas y melquitas, la emperatriz bizantina Teodora, esposa de Justiniano (527-567), incendió la ciudad por esta causa. Para remate, los persas destruyeron completamente lo que quedaba de Alejandría en el 619.
Así pues, cuando el caudillo árabe 'Amru entró en la ciudad en el 641, tras la expulsión de los bizantinos, el Museo y la Biblioteca estaban completamente olvidados. Sin embargo, es seguro que quedaban decenas de miles de libros en bibliotecas privadas y mansiones abandonadas de una ciudad que llegó a contar con 600.000 habitantes a principios del VII. Se dice que los árabes acabaron con este resto, utilizándolo como combustible para sus baños, junto a miles de muebles astillados, tan inútiles como los libros para estos hombres procedentes del desierto.
José Biedma López Jun 2000
Bibliografía: Este artículo es síntesis del de Pablo de Jevenois, "El fin de la gran biblioteca de Alejandría: La leyenda imposible." Revista de arqueología (www.zugarto.es), año XXI, nº 230, Madrid.
Otras obra consultadas:
J. Beaujeu. "La Ciencia Helenística y Romana", en Historia general de las ciencias, dir. Por René Taton, , Orbis, Barcelona, 1988, tomo II.
Jean H. Croon. Enciclopedia de la Antigüedad clásica, Madrid, 1967.
L. W. H. Hull. Historia y filosofía de la ciencia. Ariel, Barcelona, 1981.

Fundación

Por el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Tenía avenidas de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro para anunciar a los marinos que allí se dirigían que se acercaban a su destino. El faro fue una de las siete maravillas del mundo antiguo.
Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación. Ese centro, fundado alrededor del año 300 a.C., era la biblioteca y museo de Alejandría. El museo, un lugar dedicado a las especialidades de las Nueve Musas, era el centro de investigaciones propiamente dicho. La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India.


El museo y la biblioteca estaban divididos en facultades, cada una dirigida por un sacerdote. El salario del personal lo pagaba el rey. Los estudiosos de la biblioteca y museo de Alejandría estudiaban todo lo estudiable: literatura, matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía, biología e ingeniería. Por sus pasillos se pasearon, entre otros, Eratóstenes; el astrónomo Hiparco, el cual trazó un mapa de las constelaciones y clasificó las estrellas por su brillo aparente; Euclides, sistematizador de la geometría; Apolonio de Perga, matemático que investigó las propiedades de las curvas llamadas "secciones cónicas" (parábola, hipérbola y elipse); Arquímedes, el genio de la mecánica, y -en el ocaso de la biblioteca, seis siglos después- la astrónoma, matemática y física Hipatia, una mujer que se desenvolvía con toda soltura en un medio tradicionalmente acaparado por hombres y una época en que las mujeres tenían aun menos oportunidades que hoy.
La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños.La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca, en el año 415 d. C. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo.

Su desaparición

Sobre la desaparición de la biblioteca de Alejandría
Publicado por: El Documentalista Enredado 1343 lecturas
[…] Un ejemplo es la biblioteca de Alejandría. Fundada alrededor del año 300 a.C., se convirtió, bajo el gobierno de los primeros ptolemaicos de Egipto, en un imperecedero símbolo de cultura y sabiduría antes de desaparecer en la arena y el mar menos de 1.000 años después. “Era la biblioteca por antonomasia” afirma Roger Bagnall, historiador de la Universidad de Columbia en Nueva York. “Ha influido a cualquiera que se haya planteado construir una biblioteca”. Nadie, se queja Bagnall, sabe cuáles eran sus dimensiones o qué contenía en realidad.
La desaparición de la biblioteca también está rodeada de mitos. Una leyenda cuenta que los libros ardieron cuando César conquistó Alejandría en el año 47 a.C., pero la biblioteca seguía en pie en el siglo IV, según informes históricos. Bagnall cree que el abandono fue lo que mató a la biblioteca. “Los libros se pudren”, incluso los papiros libres de ácidos, y señala que no existen datos de ninguna inversión para mantener la biblioteca después de los primeros ptolemaicos.
Para cuando las bandas cristianas saquearon la biblioteca a finales del siglo, por tratarse de una institución pagana, probablemente quedara poco que destruir. “La residencia palaciega ya estaba bastante ruinosa por aquel entonces. Nada de lo que había sobrevivido a la putrefacción superó aquello” afirma Magnall. Más tarde, en el año 642, los árabes trasladaron la capital de Egipto a la región de El Cairo, y Alejandría se sumió en la oscuridad. […]
Extraído de: OVERBYE, Dennis. Nueva Orleáns trae a la memoria la Atlántida. En: Diario El País, selección de textos de ‘The New York Times’. Jueves, 15 de septiembre de 2005. Págs 1 y 4, Madrid

Pasado y presente

La Biblioteca de AlejandríaPASADO Y PRESENTE
Grupo de Cosmología y AstronomíaAcademia de Ciencias Luventicus
17 de diciembre de 2002

Demetrio de Falera
A la muerte de Alejandro de Macedonia, los territorios conquistados en Asia Menor, Oriente Medio, Oriente Lejano y África fueron divididos entre sus generales. El sucesor de Alejandro en Grecia, Casandro, ayudó a Demetrio de Falera (puerto cercano a El Pireo) a llegar al poder en Atenas. Demetrio era un estudioso peripatético de la primera generación, es decir, había estudiado con Aristóteles junto a Teofrasto y al propio Alejandro. Como gobernante de Atenas, hizo venir a Teofrasto para fundar un Liceo al estilo de la Academia de Platón. Después de diez años de tiranía, y debido a conflictos políticos entre los sucesores de Alejandro, Demetrio fue desterrado. Por su parte, Tolomeo, uno de los generales exitosos de Alejandro, se había consolidado como rey del Egipto conquistado, donde se lo conocía como Tolomeo I Sóter. Éste invitó a Teofrasto a hacerse cargo de la educación de su heredero. Teofrasto rechazó la invitación (297 a.C.) y recomendó en su lugar a Demetrio.
Fue Demetrio de Falera quien sugirió a Tolomeo I Sóter la idea de establecer un gran centro de investigación en Alejandría con una biblioteca importante ligada a él, al que se debía llamar "Museo". La fecha precisa de la fundación de estas dos instituciones no es conocida pero es probable que Sóter iniciara la obra en 290 a.C. y que luego la tarea fuera completada por Tolemeo II Filadelfo, porque es bien sabido que la Biblioteca y el Museo alcanzaron su máximo esplendor durante el reinado de Filadelfo.
La primera mención de la Biblioteca que ha quedado registrada se encuentra en la Carta de Aristeas (180-145 a.C.), estudioso judío que escribió crónicas sobre la traducción del Viejo Testemento al griego por setenta y dos rabinos. Según él, “este trabajo había sido encargado por el ateniense desterrado Demetrio de Falera, a quien patrocinaba Tolemeo Sóter”.
Demetrio de Falera(350? a.C.-?)
Tolomeo I Sóter(367/6-283/2 a.C.)
Tolomeo II Filadelfo(308-246 a.C.)
Demetrio de Falera, como otros pensadores y sabios griegos (Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles), se caracterizó por su capacidad para combinar el hábito de la meditación con el interés por la cosa pública. Después de su derrocamiento y de sufrir el destierro (la pena máxima entre los griegos), encaró la tarea más importante de su vida, lo cual es una prueba de la fuerza de sus convicciones y de su tenacidad. Ejerció su influencia sobre los dos primeros reyes tolemaicos para que éstos decidieran convertir a Egipto en el centro cultural del mundo antiguo y a Alejandría en la capital de las Ciencias, las Artes y la Filosofía. Según Aristeas, Demetrio recomendó a Sóter reunir una colección de libros acerca de la monarquía y el gobierno —del tipo de los escritos sobre filósofos-reyes de Platón—, además de libros de autores de todo el mundo que le pudieran servir para entender mejor los asuntos de la política y el comercio. La estrategia de Demetrio consistía en traer escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes a Alejandría para enriquecer el Museo y la Biblioteca. El Museo fue el centro de estudios más grande de los tiempos antiguos y el primer instituto científico que registra la Historia. La Biblioteca fue la primera en su tipo de carácter universal. De Demetrio se conservan pocas imágenes. Tras su caída del poder, sus más de 300 estatuas fueron destruidas.

El Museo
Ante todo se debe aclarar que éste no fue el primer templo dedicado a los patronos de las Artes y las Ciencias. Sin embargo, fundado medio siglo después de la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, la Estoa de Zenón y la Escuela de Epicuro, y localizado en un rico centro del comercio internacional —y del intercambio cultural—, se dieron las condiciones para que la institución floreciera. El Museo, las escuelas recién mencionadas y la Biblioteca de Pérgamo han sido probablemente los modelos para los monasterios medievales y las primeras universidades. .
Se invitó a estudiosos a llevar a cabo las actividades peripatéticas de la observación y la deducción en Matemática, Medicina, Astronomía, y Geometría; la mayoría de los descubrimientos del mundo occidental fueron registrados y se debatió seobre ellos allí durante 500 años. En Alejandría nacieron nuevas disciplinas como la Trigonometría, la Gramática y la Preservación de Manuscritos. Por otra parte, la colección de documentos permitió la transmisión y traducción de textos clásicos vitales al árabe y al hebreo, donde ellos se conservaron mucho tiempo después de que los originales se habían perdido en Europa.
Los arqueólogos no han descubierto o identificado todavía las ruinas del Museo. De fuentes primarias independientes, parece claro que éste se encontraba en el sector de la ciudad llamado Brucchium (nordeste), probablemente en las tierras del palacio o en sus adyacencias. Estaba rodeado por la corte, los jardines y un parque zoológico que contenía animales exóticos provenientes de las regiones más remotas del imperio de Alejandro. Según Estrabón, en su centro había un Gran Salón y un salón circular abovedado para cenas (¿romano?). Tenía un observatorio en su terraza superior y estaba rodeado por aulas. Se estima que allí se alojaron permanentemente entre 30 y 50 estudiosos, quienes probablemente se alimentaron y fueron mantenidos primero por la familia real y después, según un papiro romano temprano, haciendo uso del dinero público.
Reconstrucción del Museo tomada del vídeo Cosmos de Carl Sagan

La Biblioteca
“Y en lo que respecta al número de libros, los anaqueles, y la colección en el Salón de las Musas, no necesito decir nada, porque ellos están en la memoria de todos los hombres.” Ateneo
Aunque no se conoce el número con exactitud, se cree que en su apogeo la Biblioteca tuvo unos 700.000 manuscritos, los cuales equivalen aproximadamente a unos 100.000 libros impresos de hoy. Los reyes tolemaicos quisieron enriquecer la Biblioteca con los tesoros del conocimiento de todas las ramas del saber; estaban ansiosos por adquirir manuscritos originales y hacían revisar cada barco que llegaba a Alejandría: cuando encontraban un libro, éste se llevaba a la Biblioteca para que fuera copiado y la copia se devolvía al dueño. En la misma línea, Tolomeo III escribió una carta “A los soberanos de todo el mundo” pidiendo prestados sus libros. Cuando Atenas le prestó los textos de Eurípides, Esquilo y Sófocles, él los copió, devolvió las copias y guardó los originales.
Al principio, la Biblioteca estaba cerca del Museo, dentro de los recintos del palacio real. Medio siglo después, cuando la cantidad de libros adquiridos sobrepasó su capacidad, se decidió abrir una dependencia adicional para acomodar los libros sobrantes. Esta "Biblioteca Hija" estaba en el Serapeum (Templo de Serapis), que se situaba a cierta distancia del palacio, en el distrito sur de la ciudad. La Biblioteca Hija pronto se volvió una biblioteca propiamente dicha y en el período romano se convirtió en un centro de aprendizaje de gran actividad. Se han encontrado algunos restos de ella en excavaciones recientes. Su esquema de construcción era similar al del Museo; la construcción fue comenzada por Tolomeo II Filadelfo y completada por su hijo.
En tiempos de Demetrio, las bibliotecas griegas eran normalmente colecciones particulares de manuscritos, como la biblioteca de Aristóteles que tenía trabajos propios y de otros. Los templos de Egipto tenían a menudo anaqueles que contenían un surtido de textos religiosos y oficiales, como ciertos museos griegos. Varios siglos después, Tzetzes registra que Calímaco catalogó 400.000 manuscritos "mixtos" (probablemente aquellos que contenían más de un capítulo, trabajo, o autor) y 90.000 "puros", más 42.000 en el Serapeum. En la Biblioteca se hicieron los primeros trabajos sistemáticos de copiado, enmienda y comparación de textos clásicos sin los cuales ninguno de los autores hubiera sobrevivido.


Vat. gr. 190, vol. 1 fols. 38 verso - 39 recto
Vat. gr. 204 fol. 116 recto
Los Elementos de Euclides, escritos alrededor del año 300 a.C., obra sobre temas de Geometría, Proporciones y Teoría de los Números. Ha sido la obra de vigencia más prolongada de la Historia. Después de la Biblia es el libro del cual se han hecho mayor cantidad de impresiones. Este manuscrito preserva una version antigua del texto. Aquí se muestra la Proposición 47 del Libro I (para ver la imagen con mayor detalle haga clic sobre ella), el Teorema de Pitágoras: «El cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.» Este importante enunciado ha sido objeto de varias notas en el manuscrito.
Éste es el manuscrito más viejo de una colección de trabajos sobre Astronomía y Matemática de Autólico, Euclides, Aristarco, Hipsicles, y Teodosio. El más curioso es el de Aristarco: Sobre el Tamaño y la Distancia del Sol y la Luna. Aquí se muestra la Proposición 13 (con unas cuantas glosas), la cual se refiere a la razón de la prolongación del arco que divide la parte iluminada de la parte oscura de la Luna en un eclipse de Luna a los diámetros del Sol y la Luna.
Se cree que Demetrio se convirtió al culto de Serapis o —más probablemente— que fue un sacerdote del nuevo culto greco-egipcio inventado por Tolomeo. Sin embargo, el Serapeum se construyó después de su muerte y a él no se lo recuerda como director de esa institución. El Director de la Biblioteca era uno de los funcionarios de más alto rango y era designado por el propio faraón. Normalmente se lo elegía entre las personas más prominentes en Ciencia o Literatura. Los directores de la Biblioteca enriquecieron a Alejandría con sus propios estudios. El primer director de la Biblioteca registrado es Zenódoto de Éfeso, quien desempeñó ese cargo desde el final del reinado de Tolomeo I hasta 245 a.C. Su sucesor Calímaco de Cirene fue quizá el director de la Biblioteca más famoso de Alejandría y quien creó por primera vez un catálogo de su patrimonio al que llamó "Pinakes" o "Tablas". Este catálogo no era de ninguna manera exhaustivo, más bien era un buen índice temático. Apolonio de Rodas, el escritor de la notablemente meticulosa obra épica El Viaje de los Argonautas, parece haber sido quien reemplazó a Calímaco. Eratóstenes de Cirene, geógrafo y matemático estoico, lo sucedió en 235, y creó su "Esquema de los Grandes Anaqueles". En 195, Aristófanes de Bizancio —un estudioso homérico sin relación con el dramaturgo cómico— se hizo cargo y puso al día las Tablas de Calímaco. El último director registrado de la Biblioteca es Aristarco de Samotracia, astrónomo, quien asumió en 180 a.C. y fue separado del cargo durante los forcejeos dinásticos entre dos Tolomeos. [Algunos mencionan antes de él a Apolonio "Idógrafo" (189/6-175 a.C.) y luego de él a Kidas (145-116 a.C.).] La Biblioteca funcionó después durante varios siglos. Sin embargo, ningún otro estudioso es mencionado como director de la Biblioteca.
Los estantes de la Biblioteca pueden haber estado en uno de los salones de conferencia periféricos, en el jardín, o pueden haber sido alojados en el Gran Salón. Consistían en casilleros, perchas para los manuscritos —los mejores de los cuales se untaban con aceite de lino—, o bolsas de cuero. El pergamino de piel (vellum) se puso en boga cuando Alejandría dejó de exportar papiro en un esfuerzo por estrangular a su biblioteca rival más joven, fundada por los Seléucidas en Pérgamo. En tiempos de los romanos, los trabajos empezaron a ser escritos en forma de códice (libro), y se los guardaba en estantes de madera llamados armaria. Curiosamente, la biblioteca más famosa del mundo no funcionó durante la era del libro impreso: primero fue la época del papiro, luego la del códice y hoy, en su reconstrucción, la del disco compacto.
Desde Calímaco en adelante, el catálogo de manuscritos se hizo de acuerdo a la división del conocimiento de Aristóteles, o por lo menos —como hizo él— separando de la "Filosofía" a las Ciencias Observacionales y Deductivas.
MatemáticaLos matemáticos alejandrinos en su mayor parte eran geómetras, pero se sabe que también realizaron algunas investigaciones en Teoría de los Números. Eratóstenes, el Director de la Biblioteca, inventó "El Cedazo", un método para encontrar nuevos números primos, los cuales ejercían fascinación desde los tiempos de los pitagóricos. Eudoxo de Cnido, el alumno de Euclides desarrolló un método temprano de integración, estudió el uso de proporciones para resolver problemas y contribuyó con varias fórmulas para medir figuras tridimensionales. Papo, un estudioso del siglo IV, fue uno de los últimos matemáticos griegos. Se concentró en los números grandes y en las construcciones con semicírculos; también fue uno de los que introdujeron en la cultura europea la Astrología, de origen oriental. Teón y su hija Hipatia continuaron el trabajo en Astronomía, Geometría y Matemática e hicieron comentarios sobre sus predecesores, pero ninguno de sus trabajos sobrevive.AstronomíaPara los griegos, la Astronomía era la proyección de la Geometría Tridimensional en una cuarta variable, el tiempo. Los movimientos de las estrellas y el sol eran esenciales para determinar posiciones terrestres, ya que ellos proporcionaban puntos universales de referencia. En Egipto, esto era particularmente vital para los derechos de propiedad, porque la inundación anual alteraba a menudo hitos físicos y límites entre los campos. (La Geometría, como arte de medir la tierra, nació probablemente en Egipto.) Para Alejandría, cuya sangre vital era la exportación de granos y papiro al resto el Mediterráneo, los desarrollos en Astronomía les permitían a los marineros evitar la consulta de oráculos cuando se arriesgaban a navegar sin ver la costa por tiempos largos. Los primeros astrónomos griegos se habían concentrado en los modelos teóricos del Universo; los alejandrinos se encargaron de hacer observaciones detalladas y de crear modelos matemáticos basados en ideas anteriores. Eratóstenes, el versátil cuarto director de la Biblioteca, realizó un catálogo completo de 44 constelaciones con los mitos correspondientes, así como una lista de 475 estrellas fijas. Hiparco inventó el sistema de latitud y longitud e importó el sistema circular de 360 grados de Babilonia; calculó la longitud del año con un error de seis minutos; reunió mapas del cielo; y especuló acerca del nacimiento y muerte de las estrellas. Aristarco aplicó la trigonometría (nacida en Alejandría) para estimar las distancias y tamaños del Sol y la Luna, y también postuló un universo heliocéntrico. Por esto último, otro estudioso del Museo, el estoico Cleanto, lo acusó de impiadoso. Durante el reinado de Tolomeo VII, Hiparco de Bitinia descubrió y midió la precesión de los equinoccios, el tamaño y la trayectoria del Sol y la trayectoria de la Luna. Unos 300 años después Tolomeo (sin ninguna relación conocida con la realeza) dio forma matemática a su elegante modelo de los epiciclos para apoyar la visión geocéntrica (aristotélica) y escribió un tratado de Astrología que se convertiría en un paradigma de la Edad Media.GeometríaLos alejandrinos compilaron muchos de los principios geométricos de matemáticos griegos anteriores y también tuvieron acceso al conocimiento de los babilonios y egipcios sobre ese tema. Sin dudas es ésta el área en la que el Museo descolló. Se dice que Demetrio de Falera invitó al estudioso Euclides a Alejandría: los Elementos de Euclides fueron la base de la Geometría hasta mediados del siglo XIX. Sus sucesores, entre los que se destaca Apolonio (siglo II a.C.), continuaron la investigación sobre las secciones cónicas. Arquímedes tuvo entre sus muchos logros el descubrimiento del número pi. Eratóstenes calculó la circunferencia de la tierra con un error del 1%, basado en la distancia conocida de Aswán a Alejandría y en la medida del segmento del arco determinado por la diferencia entre las longitudes de las sombras a mediodía en esas dos ciudades. Él sugirió también que los mares estaban conectados; que África podría circunnavegarse; y que “la India podría ser localizada navegando hacia el oeste de España”. Finalmente, a partir de observaciones de astrónomos egipcios y del Oriente Cercano, calculó que el año tenía 365 1/4 días y fue el primero en sugerir el agregado de un "día de salto" cada cuatro años.Mecánica: ciencia aplicadaArquímedes fue uno de los primeros estudiosos afiliados a Alejandría. Su misión era aplicar las teorías del movimiento de astrónomos y geómetras a dispositivos mecánicos. Entre sus descubrimientos estuvo la palanca —como una extensión del mismo principio—, y el que hoy llamamos "Tornillo de Archimedes", un dispositivo para levantar agua. Él es el protagonista del cuento del físico que se levanta de su tina gritando «Eureka», después de descubrir que la reducción de peso que sufre un cuerpo sumergido en el agua es igual al peso del agua que desplaza. La hidráulica nació en Alejandría y en la extensión de sus principios se basaba la Neumática de Herón, un trabajo largo que detalla muchas máquinas y "robots" que simulan acciones humanas. La distinción entre práctico e imaginativo probablemente no le preocupaba a él cuando hacía sus experimentos mentales que incluían estatuas que vertían libaciones, mezclaban bebidas, bebían, y hasta cantaban (usando aire comprimido). Herón también inventó un órgano de tubos comandado por un molino de viento, una olla de vapor que se adaptó luego para los baños romanos y la candelaria, en la cual el calor de la llama de una vela hacía girar figuras pequeñas. La aplicación a veces caprichosa de las ciencias infantiles que se hacía en las "invenciones" de Rube Goldberg durante la revolución tecnológica del siglo XX recuerda la obra de Herón.MedicinaEl estudio de la anatomía, que inició Aristóteles, fue continuado extensamente por muchos alejandrinos que pueden haber aprovechado los jardines zoológicos para observar distintas especies de animales y las prácticas de entierro egipcio realizadas por personas con gran conocimiento de la anatomía humana. Uno de los primeros estudiosos, Herófilo, coleccionaba y compilaba la obra de Hipócrates, y se embarcó en estudios propios. Fue él quien primero vio en el cerebro y el sistema nervioso una unidad; especuló sobre la función del corazón, la circulación de sangre, y probablemente varios otros rasgos anatómicos. Su sucesor Erístrato se concentró en el sistema digestivo y los efectos de la nutrición; postuló que la nutrición así como los nervios y el cerebro influyen en enfermedades mentales. Finalmente, en el siglo II, Galeno utilizó los resultados de las investigaciones de Alejandría y sus propias investigaciones para compilar quince libros acerca de la Anatomía y el Arte de la Medicina.

Eratóstenes de Cirene(276-194 a.C.)
Euclides de Alejandría(325?-265? a.C.)

El incendio
La destrucción de la biblioteca más importante del mundo antiguo ha sido atribuida a diferentes facciones y gobernantes, no con el propósito de escribir crónicas de ese desastre, sino como calumnias políticas. Sin embargo hoy podemos armar la historia de su destrucción y, aunque a los occidentales nos pese, la versión más verosímil involucra a personajes y sectores que por nuestra tradición respetamos.
El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Son muchos los textos donde se relata la pérdida de los 40.000 volúmenes alojados en depósitos de granos cerca del puerto cuando Julio César incendió la flota del hermano de Cleopatra. Esto es lo que dice Livio en uno de sus libros perdidos que Séneca cita. Se sabe que Marco Antonio compensó a Cleopatra regalándole los 200.000 manuscritos de Pérgamo. El propio Museo se destruyó junto con el Palacio Real en el tercer siglo de nuestra era, durante las disputas por el poder que agitaron al Imperio Romano.
La Biblioteca Hija sobrevivió hasta fines del siglo IV, cuando un decreto del Emperador Teodosio (391 d.C.) prohibió las religiones no-cristianas (paganas). Teófilo (Obispo de Alejandría de 385 a 412 d.C.) destruyó entonces el Serapeum y la Biblioteca Hija por ser la casa de la doctrina pagana. Los estudiosos sobrevivieron otra generación hasta el asesinato de Hipatia en 415, el cual marcó el fin de la era escolástica de Alejandría. Según fuentes contemporáneas, Hipatia de Alejandría, una estudiosa del siglo V d.C., fue arrastrada por el carro de una chusma de monjes que odiaban todo lo pagano y la desollaron viva y la quemaron en los restos de la Biblioteca. En 415, el historiador cristiano Orosius visitó Alejandría e informó: “Hay templos hoy día, que nosotros hemos visto, cuyos estantes para libros han sido vaciados por nuestros hombres. Y ésta es una cuestión que no admite ninguna duda.” (Orosius 6.15.32) Su declaración confirma que la biblioteca había desaparecido en el siglo V, es decir, más de dos siglos antes de la conquista de Egipto por los árabes en 642. Toda historia que involucre a los árabes en estos hechos es, por lo tanto, falsa.
Hipatia de Alejandría(370-415)

La reconstrucción
La comunidad internacional, por medio de la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (UNESCO), ha dado el primer paso para reparar el desastre causado por el incendio que terminó con la vieja biblioteca hace más de 1600 años, financiando el Proyecto de Reconstrucción de la Antigua Biblioteca de Alejandría.
sala de lecturaFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
El costo de este ambicioso proyecto internacional es de alrededor de 200 millones de dólares americanos. Este monto no incluye el costo del terreno, el centro de conferencias y los honorarios de los consultores, que fueron donados por el Gobierno de Egipto y cuyo monto se estima en 182 millones de la misma moneda.
anaquelesFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
El costo de construcción es de aproximadamente U$S 149 millones, mientras que el costo de libros y publicaciones periódicas es de U$S 31 millones y el del equipamiento de U$S 20 millones.
Área: 45.000 m²
Área cubierta: 85.000 m²
Pisos: 11
Asientos: 3500
Volúmenes: 8 millones
Mapas: 50.000
Manuscritos: 100.000
Libros raros: 10.000
Material electrónico: 100 títulos en CD-ROM
Grabaciones musicales: 200.000 discos y cintas
Material audiovisual: 50.000 discos y vídeos
Bases de datos: 30
Personal: 578
Complejo: Centro de Conferencias (3200 butacas), Museo de Ciencias, Planetario, Escuela de Estudios de Información, Instituto Caligráfico y Museo.
exteriorFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
fachadaFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
Debido a los hechos ocurridos en Oriente Medio, el gobierno egipcio anunció que la ceremonia de inauguración oficial de la Biblioteca de Alejandría no tendría lugar el día 23 de abril de 2002, como estaba previsto. Finalmente, la biblioteca más grande de la región renació después de 2000 años el día 16 de octubre de 2002. La UNESCO se había involucrado en el proyecto desde 1986, y ahora sigue vinculada a él financiando cinco nuevos proyectos cuyo objetivo es promocionar las actividades del complejo.

OBRAS CONSULTADAS
Brundige, E. N. 1989 The Library of Alexandriahttp://www.perseus.tufts.edu
Canfora, L. (traductor: M. Ryle) 1989 The Vanished LibraryBerkeley: University of California Press
Fraser, P. M. 1972 Ptolemaic Alexandria, volume I of IIIOxford: Oxford University Press
Johnson, E. D. 1970 History of Libraries in the Western WorldMetuchen: Scarecrow Press
Kerorguen, J. (traductor: E. Sempere Colombina) 1961 La Edad de las CiudadesBuenos Aires: Codex
Marlowe, J. 1971 The Golden Age of AlexandriaLondres: Trinity Press
Communication and Information, www.unesco.orgUnited Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO)